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viernes, 8 de julio de 2011

El mito de "Pasionaria"


El comunismo ha sido definido como "la fe del siglo XX". En todo caso, es indudable que la expansión de marxismo-leninismo como realidad política tras la Revolución Rusa marcó la historia del siglo pasado y todavía lo hace hoy en una parte importante del planeta. El colapso de la URSS y el descrédito de lo que se donominó 'socialismo real' ha hecho disminuir el número de estudios sobre la evolución de los partidos comunistas, y el sectarismo con que suele encararse este debate reduce aún más el número de referencias historiográficas de prestigio. Con todo, las hay. Pero lo que resulta más difícil es penetrar en la vivencia y comprensión de los mitos que rodearon la práctica militante comunista.

En una ideología tan dada al "culto a la personalidad", era normal que los dirigentes se vieran maginificados por un áura de heroísmo y aún de infalibilidad que ocultaba todo rastro humano del personaje. Tan sólo algunos de estos líderes alcanzaron auténtica proyección mundial; entre ellos se encontraba Dolores Ibárruri, la "Pasionaria", emblema de la resistencia republicana durante la guerra civil, y más tarde Secretaria General del Partido Comunista de España. Bajo un aparente consenso admirativo, en torno a "Pasionaria", seudónimo que ella eligió y con el que era conocida dentro del partido, se desataron todas las pulsiones del comunismo español. Este es el tema de un irregular pero interesante libro del desaparecido Manuel Vázquez Montalbán, Pasionaria y los siete enanitos (Barcelona: Planeta, 1995), donde este antiguo militante comunista pinceló un cuadro muy crítico, pero a la vez equilibrado y  respetuoso, de la mística combatiente y las abundantes miserias del pasado revolucionario. Lo he rescatado del baúl de los recuerdos ahora que se cumplen ochenta años de la llegada de Dolores Ibárruri a Madrid para incorporarse al núcleo dirigente de aquel minúsculo PCE.