Los grandes movimientos históricos se asientan sobre realidades económicas, sociales o ecológicas que son su principal explicación y soporte, así como sobre discursos ideológicos que explican las percepciones colectivas respecto a todo ello. Pero hasta los mayores acontecimientos acaban dependiendo, en última instancia, de elementos circunstanciales, de ese desencadenante final que hace que las cosas sucedan de un modo y no de otro. Somos seres sociales y, por tanto, el azar juega tan sólo un cierto papel en la historia, pero las conductas individuales pueden resultar decisivas para encauzar, o no, en un sentido determinado esas 'fuerzas' que empujan el devenir colectivo. De ahí la importancia de la razón, la ética ciudadana y el compromiso personal.
Durante buena parte del siglo XX, la historiografía contemporánea dió relevancia únicamente a lo social y lo económico. En los últimos años, se ha recuperado el papel de los individuos y de los acontecimientos en la interpretación del curso general de la historia. En esta línea se enmarca uno de los libros más interesantes publicados sobre el acceso de Hitler a la jefatura del estado: A treinta días del poder, del reconocido profesor de Yale Henry Ashby Turner (Barcelona: Edhasa, 2002; edic. orig., 1997) donde se describe cómo la conversión de Hitler en Führer del pueblo alemán no sólo pudo haberse evitado, sino que su éxito final se debió a la debilidad o la torpeza de unos pocos y malos políticos metidos a aprendices de brujo. No fue un fracaso de la democracia lo que llevó a Hitler al gobierno sino precisamente el bloqueo del sistema parlamentario alemán.
Durante buena parte del siglo XX, la historiografía contemporánea dió relevancia únicamente a lo social y lo económico. En los últimos años, se ha recuperado el papel de los individuos y de los acontecimientos en la interpretación del curso general de la historia. En esta línea se enmarca uno de los libros más interesantes publicados sobre el acceso de Hitler a la jefatura del estado: A treinta días del poder, del reconocido profesor de Yale Henry Ashby Turner (Barcelona: Edhasa, 2002; edic. orig., 1997) donde se describe cómo la conversión de Hitler en Führer del pueblo alemán no sólo pudo haberse evitado, sino que su éxito final se debió a la debilidad o la torpeza de unos pocos y malos políticos metidos a aprendices de brujo. No fue un fracaso de la democracia lo que llevó a Hitler al gobierno sino precisamente el bloqueo del sistema parlamentario alemán.
