La deriva actual del neoliberalismo ha
situado la banca en el epicentro de la actividad económica. Por eso
nos cuesta en ocasiones imaginar tiempos en que no era así; en que
las finanzas se movían en los márgenes del sistema, sorteando
prohibiciones y condenas legales, y creando imaginativos instrumentos
para satisfacer la demanda de crédito. En cualquier caso, el
depósito y el préstamo ya iban por entonces vinculados
necesariamente a la acumulación de capital y, sin tanta
justificación, a la evasión de impuestos y las corruptelas del
poder.
Uno de los más curiosos e interesantes
ejemplos podemos encontrarlo en el virreinato de la Nueva España,
donde se desarrolló un sistema crediticio en base al intercambio de
cadenas de oro, que compensó la falta de instituciones financieras y
la permanente escasez de moneda. Aparece bien analizado en un
artículo de Pilar Martínez López-Cano (UNAM) La venta de oro en cadenas, transacción crediticia, controversia moral y fraude fiscal. Ciudad de México 1590-1616, publicado en Estudios
de Historia Novohispana, nº 42 (enero-junio, 2010), p. 17-56.
