Para los que no vivimos el mayo del 68 pero por ahí andamos, uno de los fenómenos políticos que nos ha tocado presenciar es la rápida desideologización de la izquierda europea occidental; se ha venido produciendo de manera progresivamente acelerada, sobre todo desde mediados de los años setenta. Al mismo tiempo, hemos asistido a un profundo rearme ideológico de la derecha, que ha radicalizado sus posiciones en relación de fuerzas casi perfectamente inversa a la centrifugación del comunismo y la socialdemocracia.
Conociendo ya mi tradicional método de interesarme por los antecedentes históricos para entender todo aquello que implique procesos temporales, podéis suponer la avidez con que no dudé en agenciarme hace poco en una libreria de segunda mano el libro autobiográfico escrito por Willy Brandt Memorias políticas. 1960/1975. Quince años vitales: De Alcalde de Berlín a Canciller de Alemania. (Barcelona: Dopesa, 1976. 2 vols.) Siempre he sentido admiración por su figura, e interés por una trayectoria vital apasionante. Joven antinazi y exiliado político en los años treinta, figura prominente de la socialdemocracia durante la época del "milagro alemán", impulsor del abandono de los postulados marxistas en el congreso de Bad Godesberg, alcalde de Berlín durante la construcción del Muro, canciller alemán e impulsor de la 'Ostpolitik', -el diálogo con los estados comunistas-... Todo un bagaje que prometía dar alguna pista sobre cual había sido el punto de partida ideológico de ese camino que en algún lugar comenzó a difuminarse en el horizonte.
