La conmemoración de Al Naqba, la expulsión de gran parte de la población palestina tras la creación del estado de Israel, ha vuelto a constituir una jornada sangrienta que recuerda casi un siglo de violencia permanente. Desde finales de los años 50, la firme alianza de Israel con Estados Unidos, y la de la URSS con algunos regímenes árabes, un resultado lógico de la guerra fría, ocultó que si el neonato estado sionista pudo superar las agónicas circunstancias de su aparición fue en buena medida gracias al apoyo de la Unión Soviética y no tanto a la ayuda norteamericana. Este fue el contenido central de una exposición celebrada en el Museo Militar de Chequia, resumida en un artículo titulado El año en que Stalin salvó a Israel, publicado por Xavier Lacosta en Historia 16, nº 372 (2007), pp. 80-97. En otro de sus frecuentes errores estratégicos, el dictador soviético menospreció el contenido nacionalista y racista del sionismo para fijarse tan sólo en el vigor de sus organizaciones socialistas. Decidió apostar con fuerza por la implantación del estado judío creyendo que sería posible encontrar en él un aliado contra las monarquías árabes conservadoras, vinculadas hasta entonces a la Gran Bretaña.
Lo único que aprendemos de la historia es que no aprendemos de la historia (Hegel)
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jueves, 9 de junio de 2011
martes, 8 de febrero de 2011
Cómo invadir (mal) Egipto
En los primeros días de la actual revuelta contra el presidente Hosni Mubarak, un responsable del Pentágono declaró que, si el tráfico del canal de Suez se viese amenazado por algún peligro, a los Estados Unidos no les quedaría más remedio que intervenir en la zona. No debí ser el único que rápidamente se acordó de la última ocasión en que las potencias europeas quisieron hacer lo mismo, y por similares razones, cosechando uno de los más rotundos fracasos bélicos de la historia, el año 1956.
En los numerosos libros y artículos que se han escrito sobre el tema suele hacerse hincapié en la situación geoestratégica del momento, evidentemente decisiva para explicar la dinámica general y los resultados de aquella intervención, pero no se habla tanto de la forma en que se gestaron y condujeron las operaciones militares. Quien sí lo hace, y en profundidad, es Geoffrey Regan en su ya clásico libro Historia de la incompetencia militar (Barcelona: Crítica, 2007; edic. orig., 1987), aunque esta vez sea para resaltar que los mayores responsables del fiasco no fueron precisamente los militares.
En los numerosos libros y artículos que se han escrito sobre el tema suele hacerse hincapié en la situación geoestratégica del momento, evidentemente decisiva para explicar la dinámica general y los resultados de aquella intervención, pero no se habla tanto de la forma en que se gestaron y condujeron las operaciones militares. Quien sí lo hace, y en profundidad, es Geoffrey Regan en su ya clásico libro Historia de la incompetencia militar (Barcelona: Crítica, 2007; edic. orig., 1987), aunque esta vez sea para resaltar que los mayores responsables del fiasco no fueron precisamente los militares.
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