Ahora que los últimos escándalos han
puesto en cuestión el papel de la familia real en la democracia
española, y cuando parece que el propio Juan Carlos ha perdido el
aura que le acompañaba desde la Transición como garante de la
constitución y elemento de anclaje entre la mayoría silenciosa de
la población y la clase política, he encontrado el momento que me
faltó el año pasado para leer el libro de Javier Cercas Anatomía
de un instante (Barcelona: Mondadori, 2009), que le valió
el Premio Nacional de Narrativa y ha sido valorado como uno de los
mejores ensayos sobre el golpe de estado del 23 de febrero de 1981, y
donde algunos creyeron ver revelaciones y sospechas cruciales para
entender el pasado más reciente de España y de la Corona.
Lo único que aprendemos de la historia es que no aprendemos de la historia (Hegel)
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domingo, 2 de diciembre de 2012
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martes, 20 de diciembre de 2011
Formas primitivas de participación democrática
Ahora que los levantamientos pacíficos y populares exigiendo democracia se han puesto a la orden del día en todo el planeta, no está de más repasar las características de sus antecedentes históricos. Inadvertidamente, el tipo de protestas pacíficas que impulsó el hundimiento del régimen soviético y sus satélites se ha ido extendiendo en el tiempo y el espacio, lo vemos en las protestas contra políticas dictatoriales o pseudemocráticas en Asia, América Latina, y el norte de África, enlazando con el auge de los 'indignados' en Europa o Estados Unidos. Algunas de estas acciones han conseguido derribar regímenes o encumbrar a sus líderes, otras no, y las de los países más ricos no consiguen cuajar de momento una alternativa sólida que de cauce a sus reivindicaciones.
Todas estas situaciones no es la primera vez que se presentan en la historia, tal como vamos viendo en este blog. Las formas cambian, y mucho, aunque los objetivos resulten con frecuencia similares. Y de la comparación podemos extraer seguramente algunas reflexiones sobre los aspectos positivos y negativos del ejercicio de la democracia, las diferentes maneras de entenderla o las casi infinitas formas de vehicularla.
Fue Geoffrey Parker quien señaló que también en los ejércitos del Antiguo Régimen podemos encontrar formas de actividad polítíca. Incluso considerando a los mercenarios profesionales como una importante 'fuerza de trabajo' de la Europa preindustrial. Considera los motines militares en reivindicación de los atrasos en las pagas o condiciones disciplinarias más dignas, como 'huelgas' específicas de su sector labotal. En esta línea, un artículo de Maarten Prak, profesor de la Universidad de Utrecht nos acerca a un ejemplo mucho más claro de participación política de elementos sociales a caballo entre lo civil y lo militar, en su artículo "Milicia cívica y política urbana en Holanda: Leiden, siglos XVII y XVIII", publicado dentro del volumen colectivo Las milicias del rey de España. Sociedad, política e identidad en las Monarquías ibéricas, coordinado por José Javier Ruiz Ibáñez (Madrid: Fondo de Cultura Económica, 2009)
Todas estas situaciones no es la primera vez que se presentan en la historia, tal como vamos viendo en este blog. Las formas cambian, y mucho, aunque los objetivos resulten con frecuencia similares. Y de la comparación podemos extraer seguramente algunas reflexiones sobre los aspectos positivos y negativos del ejercicio de la democracia, las diferentes maneras de entenderla o las casi infinitas formas de vehicularla.
Fue Geoffrey Parker quien señaló que también en los ejércitos del Antiguo Régimen podemos encontrar formas de actividad polítíca. Incluso considerando a los mercenarios profesionales como una importante 'fuerza de trabajo' de la Europa preindustrial. Considera los motines militares en reivindicación de los atrasos en las pagas o condiciones disciplinarias más dignas, como 'huelgas' específicas de su sector labotal. En esta línea, un artículo de Maarten Prak, profesor de la Universidad de Utrecht nos acerca a un ejemplo mucho más claro de participación política de elementos sociales a caballo entre lo civil y lo militar, en su artículo "Milicia cívica y política urbana en Holanda: Leiden, siglos XVII y XVIII", publicado dentro del volumen colectivo Las milicias del rey de España. Sociedad, política e identidad en las Monarquías ibéricas, coordinado por José Javier Ruiz Ibáñez (Madrid: Fondo de Cultura Económica, 2009)
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miércoles, 16 de noviembre de 2011
El incoherente liberalismo de Salvador de Madariaga.
Un analista encabezaba hace unos días su artículo, publicado en diarios de gran tirada, con la frase "Europa hierve en el desconcierto". La crisis financiera que se arrastra desde 2007 no encuentra una luz al final del túnel, y los partidos tradicionales empiezan a ser sustituidos por ejecutivos tecnocráticos -los mismos 'expertos' que nos han conducido hacia la crisis- mientras la creciente marea de ultraderecha va infiltrando sus hombres en los ministerios de diversos países, sea en gobiernos de coalición -como en el caso de Dinamarca-, con el apoyo de los nuevos primeros ministros 'tecnicos' -como en Grecia-, o formando parte de la base social y los cuadros de partidos democráticos conservadores -como en España, donde el voto sociológicamente 'ultra' del Partido Popular ha crecido un 70% en los últimos cuatro años-. Mientras tanto, en América, la creciente estabilidad económica no se ve acompañada siempre por la estabilidad política, y la erosión del estado democrático y de sus funciones cotidianas -debido a la corrupción y la delincuencia- puede socavar derechos fundamentales de las personas con tanta o más fuerza que las dictaduras autoritarias.
En este contexto, el estudio del periodo de entreguerras (1919-1939) constituye algo más que un ejercicio académico, y alimenta la reflexión que cabe hacer cuando las bases mínimas de la organización política, tal como hasta ahora se entendía en los países socialmente más desarrollados, son puestas en entredicho. Siempre existe el riesgo de que los soportes tradicionales se hundan, y también que del fracaso de los sistemas establecidos no surja algo mejor. Reflexiones de este tipo -no necesariamente pesimistas- me han llevado a rescatar un viejo artículo de Pedro C. González Cuevas, profesor de Ciencias Políticas, un buen ejemplo él mismo de supuesto activista liberal cada vez más inclinado al conservadurismo de 'ala dura', donde se analizaban precisamente los coqueteos de Salvador de Madariaga -en el pasado un referente del liberalismo español antifranquista- con los conceptos fascistas del 'nuevo estado' y la 'democracia orgánica'. Salvador de Madariaga y la democracia orgánica (Historia 16, nº 127 (1986), pp. 27-31). Después de conservarla durante veinticinco años, considero esta aportación de más actualidad que nunca.
En este contexto, el estudio del periodo de entreguerras (1919-1939) constituye algo más que un ejercicio académico, y alimenta la reflexión que cabe hacer cuando las bases mínimas de la organización política, tal como hasta ahora se entendía en los países socialmente más desarrollados, son puestas en entredicho. Siempre existe el riesgo de que los soportes tradicionales se hundan, y también que del fracaso de los sistemas establecidos no surja algo mejor. Reflexiones de este tipo -no necesariamente pesimistas- me han llevado a rescatar un viejo artículo de Pedro C. González Cuevas, profesor de Ciencias Políticas, un buen ejemplo él mismo de supuesto activista liberal cada vez más inclinado al conservadurismo de 'ala dura', donde se analizaban precisamente los coqueteos de Salvador de Madariaga -en el pasado un referente del liberalismo español antifranquista- con los conceptos fascistas del 'nuevo estado' y la 'democracia orgánica'. Salvador de Madariaga y la democracia orgánica (Historia 16, nº 127 (1986), pp. 27-31). Después de conservarla durante veinticinco años, considero esta aportación de más actualidad que nunca.
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