Lo único que aprendemos de la historia es que no aprendemos de la historia (Hegel)

martes, 17 de abril de 2012

La Gran Mezquita de Sevilla

Esta vez os dejo una recomendación: el enlace al blog Antrophistoria, donde se comenta la reconstruccion virtual de la Gran Mezquita de Sevilla, que desapareció para dejar paso, como en otros lugares, a la catedral de la ciudad tras la conquista cristiana. Una bonita manera de pasear por la historia.

http://antrophistoria.blogspot.com.es/2012/04/reconstruccion-de-la-gran-mezquita-de.html

Saludos.

miércoles, 11 de abril de 2012

Crisis y teoría económica

Las actuales convulsiones de la economía mundial, y particularmente de la europea, han devuelto todo su interés al estudio de la peor crisis sufrida por el capitalismo occidental, la de 1929, y a la figura de un economista de referencia en el periodo de entreguerras, J.M. Keynes.

He tenido ocasión de leer un artículo sobre el tema de Luis Ángel Rojo, catedrático de Teoría Económica, fallecido hace ahora un año. Aunque mis competencias en este terreno son bien escasas, me parece de gran interés resumir su contenido, por tres razones: 1) Luis Ángel Rojo ejerció como gobernador del Banco de España durante casi toda la década de los noventa, tanto con gobiernos socialistas como conservadores, y fue uno de los impulsores de la moneda única europea. 2) Aquí podemos encontrar numerosas coincidencias con situaciones bien actuales, pero no se trata de una cuestión de oportunismo, ya que el artículo fue escrito hace más de veinte años, en circunstancias bien diferentes. 3) Y porque los años 30 fueron una época de intenso debate sobre política económica, en los que, realmente, no llegó a aplicarse ninguna de las propuestas teóricas que luego triunfarían en la segunda mitad del siglo XX. Así, el grado de incidencia o no de éstas en la larga y profunda crisis sufrida por el mundo industrial, es todavía objeto de debate.

Se trata del texto El pensamiento económico ante el paro y la crisis, 1919-1939, publicado en el libro Europa en crisis, compilado por Mercedes Cabrera, Enrique Santos Julià y Pablo Martín Aceña (Madrid: Editorial Pablo Iglesias, 1991).

sábado, 31 de marzo de 2012

Los orígenes de la violencia política en América.

Uno de los elementos que se han utilizado para -pretendidamente- distinguir los estados capaces de alcanzar un grado elevado de desarrollo político de aquellos que no lo han conseguido, es el empleo de la violencia en el marco del combate político y, particularmente, la máxima expresión de esta violencia, que son las guerras civiles. En la mayor parte de los casos, puede ser así, si entendemos la configuración del estado como un proceso de institucionalización y pacificación de las relaciones sociales, aunque esto no siempre sea exacto. La construcción del estado también ha sido la plasmación de unas relaciones establecidas, con sus componentes de poder, desigualdad económica e injusticia social, pero -como ya nos señalaba el profesor Keeley en otro comentario- ninguna cultura puede sobrevivir en un contexto de guerra permamente.

En cuestión de guerras civiles, los estados de habla hispana, a uno y otro lado del Atlántico, poseen una larga experiencia. Y se ha repetido a menudo que sería una muestra de la incapacidad de sus élites e incluso un rasgo del 'alma' latina, atraída por el combate, la muerte y todo su cortejo.Ahora que parecen llamados a sofocarse los últimos coletazos de los conflictos armados abiertos durante el siglo XX en América, y que, en cambio, se atisban otras perspectivas en los enfrentamientos políticos y sociales, he vuelto a leer una reflexión que hacía Eduardo Posada Carbó, profesor de la universidad de Oxford, en un artículo titulado “Las guerras civiles del siglo XIX en la América Hispánica: orígenes, naturaleza y desarrollo” dentro del volumen colectivo La guerra en la historia (Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 1999, pp. 191-207) donde aportaba algunas claves explicativas que vienen a coincidir con lo que sabemos de los conflictos civiles habidos en la Península Ibèrica durante los dos últimos siglos y se apartan de tópicos repetidos durante mucho tiempo.

sábado, 24 de marzo de 2012

Cien años cruciales en la expansión del Islam.

Uno de los fenómenos históricos de mayor impacto tanto en Oriente como en Occidente fue el surgimiento, expansión y consolidación del Islam a través de un proceso de fulgurantes conquistas realizadas por las tribus árabes. Menos de cien años después de la Hégira -cuando Mahoma hubo de abandonar La Meca como un fugitivo- Tariq invadía la Península Ibérica; mientras, al otro lado del mundo conocido, las autoridades del Jorasán entraban en contacto con las fuerzas del Imperio chino. En realidad, el avance islámico se detuvo, en general, junto a lo que podemos considerar como fronteras 'naturales' de su arrollador triunfo: el mar, los desiertos y las grandes cadenas montañosas. Todo ello fue logrado por un pueblo disperso y dividido que habitaba una región desértica y relativamente pobre, sin ninguna ventaja tecnológica apreciable desde el punto de vista militar. Luego, no sufriría retrocesos importantes ni siquiera con el colapso de la autoridad califal en el siglo X.

Aunque el Islam es una de las religiones históricas mejor documentadas, en realidad seguimos sabiendo muy poco de todo ello, ya que las fuentes para estos primeros tiempos suelen proceder de siglos posteriores y porque, al igual que sucede con el cristianismo, el judaísmo o el budismo, quienes escribían sobre los momentos primigenios de sus creencias lo hacían más con intención de transmitir una 'verdad' teológica y moral que motivados por la necesidad de establecer un relato cronológico de lo sucedido. Por ello es enormemente meritorio el esfuerzo clarificador y divulgativo realizado por el profesor de Cambridge Hugh Kennedy, autoridad reconocida en estudios arábigos y persas, quien, en su libro Las grandes conquistas árabes (Barcelona: Crítica, 2007), nos ofrece no sólo una narración lo más sólida posible de los acontecimientos, sino también un análisis de sus causas y consecuencias, que aporta claves conocidas y nuevas pistas para la comprensión de todo ello.

sábado, 17 de marzo de 2012

Una recomendable historia de la Mafia

No resulta sencillo hallar buenas publicaciones sobre la historia de la Mafia. El sensacionalismo, la superficialidad, la información poco contrastada y la nube de tópicos que envuelve este fenómeno criminal hacen que a menudo debamos conformanos con aproximaciones o mixtificaciones que pasan por historia.

Por eso he quedado gratamente sorprendido con la lectura del libro de John Dickie, Cosa Nostra. Historia de la Mafia siciliana (Barcelona: Random House-Mondadori, 2007; edic. orig., 2004), periodista y profesor de Estudios Italianos en el University College de Londres, que se puede encontrar en diversas reediciones de formato económico. Mediante un análisis escrupuloso, apegado a la actuación práctica de la Mafia y no tanto a lo que se dice sobre ella, el autor nos desvela lo que ha sido, durante los últimos doscientos años y hasta la más reciente actualidad, la trayectoria de la organización delictiva más famosa del mundo.

domingo, 11 de marzo de 2012

Al servicio del Imperio.

En todas las épocas, uno de los elementos decisivos en la estructuración de cualquier estado, ha sido el empleo de la fuerza armada. Y junto con las instituciones y los medios de que se dota a este ejercicio controlado de la violencia, un factor esencial es el reclutamiento. La primitiva noción del ciudadano-guerrero, por la cual todo varón -incluso a veces las mujeres- de una tribu, ciudad o territorio determinados, era un soldado en potencia, ha venido siendo sustituída, en diversos momentos de la historia, por la idea de un ejército más o menos profesional, donde los encargados de combatir a los enemigos del estado sean hombres dedicados exclusivamente a esta finalidad y preparados para ella. De dónde surgen estos soldados profesionales, qué les hace exponer sus vidas y combatir en conflictos que muchas veces les son totalmente ajenos, por qué aceptan una dura disciplina y unas condiciones de vida en ocasiones muy penosas, y cómo llegan a cumplir sus obligaciones, a veces por encima de lo que exige su 'deber', constituye un apasionante caso de estudio para quien busque comprender las auténticas bases de la relación entre sociedad y poder.

Un ejemplo clásico del papel jugado por estos ejércitos profesionales podemos encontrarlo en la construcción del Imperio británico. Sus tropas debieron combatir desde las heladas planicies de Canadá a las sofocantes junglas del Asia tropical, contra fuerzas de la envergadura del ejército napoleónico o contra poblaciones prácticamente desarmadas. En todos los casos, cumplieron su cometido. Quiénes eran, cómo luchaban y por qué lo hacían aparece magníficamente descrito en la obra de Richard Holmes. Casacas rojas. Una historia de la infantería británica. (Barcelona: Edhasa, 2004), en mi opinión uno de los más interesantes libros de sociología e historia militar publicados en la última década.

sábado, 25 de febrero de 2012

Creencias religiosas populares en la alta edad media

En los últimos años se ha suscitado un intenso, y en buena parte artificial, debate sobre las raíces cristianas de la cultura europea y la relevancia que debe darse a este hecho. Tras décadas de acelerada laicización, algunos sectores políticos consideran que ha llegado el momento de cohesionar a las viejas poblaciones de Europa en torno  a la idea de 'cristiandad' frente a la globalización económica y cultural y a las nuevas gentes llegadas al continente. El hecho indudable de que la historia europea de los últimos mil quinientos años ha estado vinculada al despliegue de formas de pensamiento y sociabilidad relacionadas con la religión cristiana oculta que lo que entendemos por tal ha sido un elemento tan variable como las mismas circunstancias históricas y que lo que se debate actualmente tiene más que ver con intereses políticos inmediatos que con el bagaje cultural reivindicado.

Por eso resulta interesante releer títulos como Religiosidad popular en la alta edad media, de Oronzo Giordano, editado en castellano por Editorial Gredos (Madrid: 1983), y con edición original italiana de 1979. Como se ve, ha llovido algo desde su aparición, pero constituye todavía un referente para quienes desean adentrarse en la sorprendente realidad de la cristianización en nuestro continente y uno de los mejores usos de lo que luego se vino a denominar 'historia de las mentalidades', a menudo tan mal o estérilmente empleada.

sábado, 11 de febrero de 2012

Agente del Komintern

Pocos libros de historia han descrito con tanta viveza y detalle las grandezas y miserias de la lucha obrera revolucionaria durante los años veinte y treinta como la autobiografía de Jan Valtin (seudónimo del alemán Richard Krebs) La noche quedó atrás, un clásico reeditado  por  Seix Barral (Barcelona: 2008; edic. orig., 1941) y acogido hoy con más pena que gloria, pero que debería formar parte de la biblioteca de todo aficionado a conocer los entresijos del siglo XX.

Richard Krebs fue un comunista alemán cuya vida constituye un apasionante relato de aventuras, ya que su militancia, nacida en la hoguera de las luchas revolucionarias de 1919, se desarrolló en  organizaciones sindicales y políticas de la marinería hamburguesa, lo que le daría dimensión nacional e internacional. Pronto hubo de escapar a la persecución de los gobiernos socialdemócratas y de la derecha alemana y, en condición de agente del Komintern, recorrió casi todas las rutas marítimas, hasta Hawaii y Sumatra. No son, sin embargo, estos escenarios exóticos lo que llena de contenido su relato, sino las tensiones internas de la política alemana y las contínuas misiones desarrolladas en diferentes países europeos. La más trepidante de las ficciones no puede imaginar una vida tan llena de acción, persecuciones, exilios, conspiración, ilusiones, utopías y desencantos, como la de estos agentes del comunismo internacional que unían a una capacidad sin igual de sacrificio personal y entrega a su causa, el despiadado cinismo y la dogmática de quien se sabe en posesión de la verdad y vive, además, atrapado en un engranaje que implica todas las dimensiones de su existencia.

jueves, 2 de febrero de 2012

Terroristas


Una inesperada acumulación de trabajo y obligaciones familiares me ha impedido aportar nuevas entradas al blog, pero aquí estamos de nuevo, porque sigo siendo un lector compulsivo. 

En los años sesenta y setenta se usó y abusó del término ‘lucha armada’ para designar cualquier actividad violenta con intenciones políticas. A partir de los noventa, se ha utilizado para ello el de ‘terrorismo’ sin que muchas veces quede claro qué significa utilizar el terror en política, sea por grupos minoritarios, sea por regímenes dictatoriales o por los propios estados de derecho.

Como todo, también el terrorismo nos retrotrae a situaciones conocidas en el pasado.  Hace ahora un siglo, la Europa de la Belle Époque se veía sacudida por los atentados anarquistas, que afectaban a las figuras más señeras, lo mismo que a la ciudadanía. De sus  causas, efectos, y también de las oscuras maniobras que se realizaron en torno a la cuestión, se ocupa el artículo El Terrorismo de Rafael Núñez Florencio, publicado en el volumen colectivo Tierra y Libertad. Cien años de anarquismo en España (Barcelona: Crítica, 2010) coordinado por Julián Casanova, uno de los mejores investigadores actuales del movimiento libertario, y editado para conmemorar el centenario de la creación de la Confederación Nacional del Trabajo, el mayor sindicato anarquista de Europa en la primera mitad del siglo XX.

martes, 10 de enero de 2012

El brumoso origen de los herejes cátaros.

El catarismo constituye uno de los fenómenos medievales con más éxito mediático. Como siempre que esto ocurre, mucho de lo escrito sobre esta herejía aparece teñido de sensacionalismo y especulación, hasta el punto de que, a veces, resulta difícil restablecer un contorno mínimamente creíble para lo que se nos está exponiendo. Por fortuna, también contamos con sólidos investigadores y divulgadores del episodio cátaro, como Paul Labal o Zoé Oldenburg, o con historiadores, como Mercè Aventin, que han perfilado con detalle la sociedad en que arraigó esta forma de pensamiento religioso.

Aunque la herejía cátara se extendió considerablemente en el tiempo y el espacio, las fuentes que restan sobre su pensamiento son escasas, ya que casi toda su literatura fue destruida y a menudo debemos fiarnos de sus perseguidores para conocer los principales elementos de su teología y sus rituales. Otro punto que ha permanecido oscuro durante mucho tiempo es el origen de lo que, a la luz de los documentos, ya podemos definir como 'iglesia' cátara. Por lo general, se habia venido aceptando la definición del catarismo como una herejía de tipo dualista o maniqueo (basada en la contraposición de dos principios divinos: el Bien y el Mal) procedente de Asia Menor, que habría sostenido relaciones estrechas con movimientos de similar carácter, como los bogomiles del Imperio Bizantino.

Las más recientes líneas de investigación resaltan, en cambio, el carácter autóctono de la espiritualidad cátara, sus relaciones con otras noticias de grupos heterodoxos occidentales recogidas desde finales del siglo X, y su más bien tardía relación con la teología de los maniqueos. Esta es la tesis que defiende Anne Brenon en el volumen Les archipels cathares. Dissidence chrétienne dans l'Europe mediéval (Castelnaud La Chapelle: L'Hydre éditions, 2003). Un panorama sugerente, y muy ligado a la implantación del feudalismo que ya hemos tratado en otras entradas del blog, aparece en el nuevo discurso sobre los brumosos y fascinantes orígenes de la herejía cátara.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

El triunfo de la cruz

Algunas obras de divulgación histórica han calificado los últimos años del siglo XX como los del 'regreso de Dios' al primer plano de la geoestrategia mundial. La conocida tesis de la 'guerra de civilizaciones' para explicar las tensiones del mundo actual no deja de ser otra manera de expresarlo. Si se han multiplicado los estudios académicos que tratan de explicar el auge del islamismo en sus diversas corrientes políticas y la relación que guardan con el Islam como doctrina, no resultan tan frecuentes los que profundizan en el impacto político de otras religiones, incluído el análisis del contenido religioso en Occidente, presente en los mensajes de numerosas fuerzas de gran impacto electoral.

Quizá convenga en este tema regresar a las raíces, y preguntarse por las razones que acompañaron la conversión del imperio romano -y posteriormente otros estados- del paganismo clásico a la religión cristiana. En qué medida dicha conversión supuso un triunfo revolucionario y cómo alteró las bases culturales y sociales del imperio. Me ha sorprendido, por su planteamiento, el libro de Paul Veyne -un clásico en el estudio de Roma y su imperio-Quand notre monde est devenu chrétien (312-394) publicado por Albin Michel en la colección Bibliothèque Idées (París: 2007). En él se desarrolla la tesis de que el éxito de la religión cristiana y su imposición final al conjunto de la sociedad no constituía un hecho inevitable en el siglo IV ni implicaba una solución política fundamentalmente mejor que el matenimiento de los cultos anteriores. La clave, para el autor, residió en una serie de proyectos personales impulsados desde el poder por Constantino I y una cada vez más larga serie de emperadores cristianos.

martes, 20 de diciembre de 2011

Formas primitivas de participación democrática

Ahora que los levantamientos pacíficos y populares exigiendo democracia se han puesto a la orden del día en todo el planeta, no está de más repasar las características de sus antecedentes históricos. Inadvertidamente, el tipo de protestas pacíficas que impulsó el hundimiento del régimen soviético y sus satélites se ha ido extendiendo en el tiempo y el espacio, lo vemos en las protestas contra políticas dictatoriales o pseudemocráticas en Asia, América Latina, y el norte de África, enlazando con el auge de los 'indignados' en Europa o Estados Unidos. Algunas de estas acciones han conseguido derribar regímenes o encumbrar a sus líderes, otras no, y las de los países más ricos no consiguen cuajar de momento una alternativa sólida que de cauce a sus reivindicaciones.

Todas estas situaciones no es la primera vez que se presentan en la historia, tal como vamos viendo en este blog. Las formas cambian, y mucho, aunque los objetivos resulten con frecuencia similares. Y de la comparación podemos extraer seguramente algunas reflexiones sobre los aspectos positivos y negativos del ejercicio de la democracia, las diferentes maneras de entenderla o las casi infinitas formas de vehicularla.

Fue Geoffrey Parker quien señaló que también en los ejércitos del Antiguo Régimen podemos encontrar formas de actividad polítíca. Incluso considerando a los mercenarios profesionales como una importante 'fuerza de trabajo' de la Europa preindustrial. Considera los motines militares en reivindicación de los atrasos en las pagas o condiciones disciplinarias más dignas, como 'huelgas' específicas de su sector labotal. En esta línea, un artículo de Maarten Prak, profesor de la Universidad de Utrecht nos acerca a un ejemplo mucho más claro de participación política de elementos sociales a caballo entre lo civil y lo militar, en su artículo "Milicia cívica y política urbana en Holanda: Leiden, siglos XVII y XVIII", publicado dentro del volumen colectivo Las milicias del rey de España. Sociedad, política e identidad en las Monarquías ibéricas, coordinado por  José Javier Ruiz Ibáñez (Madrid: Fondo de Cultura Económica, 2009)